La literatura como acto demiúrgico

Demiurgo. William Blake

Cuando la literatura se plantea como un acto de sublimación y transmutación de la materia que conforma la sustancia del devenir, lo real, dando nacimiento a imágenes que son las mismas que se hallan ancladas en la memoria colectiva pero que regresan reordenadas por medio de la “estilización” (esa prometeica, irredenta facultad humana), estamos ante un acto de demiurgia.
En mi visión es ese, el momento demiúrgico, el de la creación en las artes, de “re-creación” en verdad, ya que como émulo de la divinidad platónica, el artista reconfigura un caos (o un orden) que es sólo aparencial, y que únicamente traspasando la severa muralla de lo sensorial será capaz de identificar y glosar en el secreto de su inmanencia, haciendo que los seres que se agitan en el torbellino mundanal dejen de ser meros engranajes para convertirse en arquetipos.
El acto creador, desde esta perspectiva, por su propia potencia ordenadora, es un acto de poder, pero de una naturaleza tal que no trasunta noción alguna de dominación sino de libertad; la voluntad de poderío que alimenta la soberanía de ese acto, es ante todo el ejercicio de una libertad liberadora, la que le arrebata la opacidad plúmbea, la pesadez a la mediocridad para tornarla oro estético, pura riqueza espiritual. En esta última facultad radica toda su belleza, todo su peligro.
El mito religioso, como doctrina fundacional de las estructuras de poder temporal, va a estar orientado desde el principio a cortar a cercén esta peligrosa habilidad, sometiéndola a una institucionalización justificadora de determinadas relaciones de dominación física sobre las que se [estima que se asienta] la desigualdad humana.
La historia nos muestra cómo toda creación artística trascendente (comprendiendo desde esta perspectiva hasta las mismas doctrinas religiosas en su momento hierofánico ), se gesta en los breves momentos en que se ejerce la libertad imprudente, soberana que se menciona más arriba.
Esa reordenación o reconfiguración destinada a superar la severa clausura de lo real, posee un peligro ínsito que provoca de inmediato la reacción del orden que se ve amenazado; aquí es donde se pone de manifiesto la naturaleza destructiva del acto creador, tal como la concibe Nietzsche que no hesita en utilizar el término escandaloso de “destrucción” para calificar a la sustancia creadora, en un afán de sacudir el adormecimiento de las conciencias mediocrizadas del hormiguero humano.
Me gustaría concluir esta breve aproximación a esta perspectiva de los fundamentos de la creación artística, concebida como un acto de “realismo alquímico”, con este fragmento de la “Tabla de Esmeralda”, de Hermes Trismegisto, en donde además de establecer los principios del arcano arte alquímico, creo que puede verse delineado un verdadero manifiesto estético para aquellos que cultiven el realismo mitológico:
“Lo de abajo se iguala a lo de arriba, y lo de arriba a lo de abajo, para consumación de los milagros del Uno.
Y lo mismo que todas las cosas vienen del Uno, por la meditación sobre el Uno, así todas las cosas han nacido de esa cosa única, por modificación.
Su padre es el sol, su madre la luna, el viento lo ha llevado en su vientre; la tierra es su nodriza.
Es el padre de todas las maravillas del mundo entero. Su fuerza es orbicular, cuando se ha transformado en tierra.
Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo grosero, suavemente y con gran entendimiento. Asciende de la tierra al cielo y vuelve a descender a la tierra, recogiendo la fuerza de las cosas superiores e inferiores.
Tendrás toda la gloria del mundo y las tinieblas se alejarán de ti.
Esta es la fuerza de fuerzas, pues vencerá todo lo sutil y atravesará lo sólido.
Así se creó el mundo.
He aquí la fuente de las admirables transmutaciones…”
Las transmutaciones, lo real que regresa enriquecido, multifacetado, el plomo que se ha vuelto materia áurea y que reafirma y evidencia la inmanente belleza de la que nada de lo humano deja de carecer; esta es la sustancia última del arte como trascendencia.

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Microrrelatos: un mundo en miniatura. Segunda parte.

Ilustración de Meli Valdés Sozzani, del Libro Doscientos y un cuentos en miniatura

Ilustración de Meli Valdés Sozzani, del Libro Doscientos y un cuentos en miniatura

La idea de ensayar una cierta clasificación personal de los cuentos en miniatura, surge tanto de mi experiencia creativa en materia de relatos hiperbreves, así como de mis lecturas en las que tanto el afán de búsqueda como el azar me han llevado al encuentro de conjuntos narrativos de mínima extensión capaces de condensar toda la secuencia de una narración mayor.

Una primera división, en lo que hace al modo de construir los relatos, desde mi perspectiva, sería la que se establece entre aquellos que emergen como una verbalización espontánea de un hecho narrativo que se desarrolla en el inconsciente, por una parte, y los que presentan una arquitectónica más compleja, en la cual lo racional cumple un papel clave, por otra; ejemplo del primer tipo, sería:

Hoy soñé que vivía”; en el cual lo fantástico está atravesado por lo real como catalizador de un simbolismo múltiple; en la línea del segundo tipo mencionado arriba, podría citarse:

Comprobó, satisfecho, que el estómago ya no le hacía ruido. Un caníbal.”; aquí la inversión de los conjuntos articulados que forman las dos oraciones, producen un efecto de cierre de la secuencia junto con una referencia extra-textual, que actúa a modo de desenlace.

Una segunda clasificación, que sitúa toda una línea de cuentos frente a los dos tipos a que se hace referencia (que resultan así unificados tipológicamente de acuerdo a este criterio), nos lanza al terreno de lo extra-textual; se trata de la separación entre los que doy en llamar autónomos, como los que acabo de citar en referencia a la primera clasificación planteada, y aquellos que necesitan de la referencia a un hecho de la tradición cultural que es de conocimiento más o menos general entre los lectores; a veces se trata de una historia secreta detrás de un gran relato, como en:

Los gigantes agradecieron al mago sus disfraces de molinos.”;

o bien la continuación inesperada de una narración concluida:

En la monotonía del reconquistado lecho conyugal, Odiseo añoró a Circe.

Otras veces puede tratarse de hechos que suceden en un tiempo precedente que se plantea como una especulación sobre los prolegómenos de un relato conocido, como en:

La administración de justicia es de una precisión absoluta’, comentó José K., un día antes de su proceso.”     

La narrativa de mayor extensión, como la de la novela y el cuento, nos ofrece, frente a las dos categorías precedentes, una tercera especie de cuento en miniatura, aleatoria (o deliberada, quizás), que proviene de un fenómeno de independización de la unidad articulada, ensamblada en una estructura mayor, que puede estar formada por un párrafo o parágrafo:

Un día me abordó con la petición de unos centenares de coronas para conseguir un piano a una pobre muchacha, a la que ya socorríamos yo y otros, por mediación de él, con una pequeña mensualidad. Había que apresurarse para aprovechar una buena ocasión. No pude negarme, pero, un poco malhumorado, observé, que si ese día no hubiera salido de casa, habría hecho un buen negocio. De vez en cuando sufro ataques de avaricia.

El texto precedente, que proviene de La conciencia de Zeno, del genial Italo Svevo, a mi criterio ilustra como pocos la idea que planteo; se trata de una narración mínima y clausurada que levanta vuelo desprendiéndose del texto mayor que la comprende; estamos en presencia de un microrrelato.

En otro maestro gigantesco de la narrativa, Chejov, también me fue dado observar este singular fenómeno, maravillándome su exquisita perfección sintética, como en este pasaje de Mi mujer:

Yo quería persuadirme de que el amor se había extinguido en mí desde hacía mucho tiempo y que el trabajo me embebía demasiado para que me pusiese a pensar seriamente en mis relaciones con mi mujer.”

En mis narraciones más extensas, tal vez por un impulso osmótico han acabado por filtrarse algunos cuentos mínimos, que acabé por identificar una vez que las releí; por esto puedo decir que en lo que a mí respecta, se trata de un hecho indeliberado, inconsciente, como en este momento de La supervivencia de un instinto:

Sentía Marcos en sus entrañas un lobo que se cebaba a dentelladas, mientras el aire inconcebiblemente frío le aguijaba la nariz y los labios, únicos y magros asomos de su cuerpo cada vez más empobrecido por el hambre. Sí, el hambre, soberano absoluto en la altura, que se venía a saciar con ellos, los perdidos del mundo en su presidio de nieve.

-¡Ja, ja, ja…!

Marcos empezó a reírse y su risa imposible arrancó, a sus compañeros de letargo, del sopor con que parecía dilatarse la hora final.

-¿Qué tenés… Marcos…?

Le peguntó débilmente el que tenía más cerca, sin abrir los ojos porque hasta los párpados le dolían.

-Todo bicho que camina, gordo… todo bicho que camina…

El rostro del Hambre se descompuso en una mueca horrorosa y se arrojó, como la esfinge de Tebas, al fondo del abismo. Marcos había descifrado el enigma. Él y sus compañeros vivirían.

Parece ser que los microrrelatos no sólo son producto de una escritura calculada o del súbito arrebato de la inspiración, sino que pueden serlo también, si se emprende la búsqueda, la materia de un feliz hallazgo al alcance de todos.

Alejandro Córdoba Sosa

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Microrrelatos: un mundo en miniatura

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Tapa del libro “Doscientos y un cuentos en miniatura”, Ed. de los Cuatro Vientos, 2007.

¿Será el microrrelato la forma literaria antonomástica de la narrativa de nuestros días? ¿Encarnará el microcuento, desde el punto de vista de una cierta dialéctica histórica, una síntesis de la narrativa que nos acerque a las primeras formas de contar, las de las culturas primitivas o pretéritas, los hechos del mundo físico y psíquico? Algo de todo esto hay en la inspiración de este modo de narrar que un día comencé a desarrollar, como haciéndome eco de lejanas voces que resonaban en mi conciencia.

 Si tengo que hablar de mis influencias, tengo que comenzar indefectiblemente por China. Uno de los más antiguos microrrelatos que conozco es el Sueño de la mariposa, un apólogo de Chuang Tzu (300 a.C.), sabio taoísta que vivió en uno de los períodos más ricos de la historia cultural de China, la llamada “Era de los Reinos Combatientes”:

“Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.”

 Creo que en su perfecta extensión mínima y clausurada, es paradigmático como cuento en miniatura, por cuanto es claramente perceptible la intuición (en el sentido de valor estético) como matriz creadora de la idea narrada.

Fue en la cultura de mis ancestros, los árabes, responsables de haber tendido el gran puente entre el Asia más remota y el Occidente aristotélico, con sus tres unidades de la acción en el relato, que hallé la sustancia poética capaz de embellecer el suceso que se convierte en historia minúscula; como cuando dice el poeta “Nemr-Ibn-Al-Barud”: “¿Qué es la perla sino la suntuosa forma de la soledad?”.

En el otro extremo de la polaridad, en los kennings, dísticos que recitaban los poetas que los vikingos llamaban skalder, también abrevé cuando leí las sagas; poemas como aquel que dice que “el fuego es el ladrón de la casa, el hermano del viento” o “la batalla es la canción de las lanzas, la antesala del banquete de Odín”, me enseñaron la belleza de una imagen traspuesta por el poder de las palabras en su exquisita brevedad.

Esas influencias en lo que hace a la forma de mis relatos. En lo referente a la sustancia, toda la tradición narrativa se somete y tributa a la idea aludida; como en “Los gigantes agradecieron al mago sus disfraces de molinos” ó en “Lot se deshizo de los cuerpos de los dos inoportunos, y viriles, viajeros, y se acostó a esperar”, en los cuales el acervo cultural de occidente aporta los elementos del relato que podríamos denominar lateral.

Cuento XCI

Cuento XCI, del libro “Doscientos y un cuentos en miniatura”. Ilustración de Meli Valdés Sozzani

Doscientos y un cuentos en miniatura, es legatario de esas tradiciones culturales entre otras tantas que me han dejado décadas de búsqueda, cristales de mi personal caleidoscopio en el que quiero reflejar el mundo en toda su belleza, su misterio, su sublimidad y su tragedia, todo el cosmos humano, del que nada me es ajeno, parafraseando a Terencio.


Cuento CXXIX

Cuento CXXIX, del libro “Doscientos y un cuentos en miniatura”. Ilustración de Meli Valdés Sozzani

Es en mis “Prolegómenos mínimos de un manifiesto estético”, donde cifro la idea que me anima, al referirme al propósito de la creación como el de: “reconquistar la belleza oculta de lo real, a través de los poderes alquímicos de creación estética; el plomo se hará oro al contacto con las ideas, la mediocridad retirará su gris velo y los hijos de la pobreza de espíritu brillarán con una luz inconcebible; entonces la desigual proporción de los dones terrenales dejará de ser la norma y la singularidad munífica de cada uno de los millares que se agitan en las sombras, recobrada, los reconciliará con el agobio de la vida. Los recursos de los que el genio puede valerse para gestar una palingenesia estética, son infinitos para esta empresa que tiene como fin solamente la Belleza, la pura Belleza; será ésta la cual, surgida como Atenea de la frente del dios, se ponga de pie para escupir el rostro de la Razón cuando ésta marche hacia el abismo para despeñarse derrotada, liberando a la gran Tebas mundanal de su maldición. Esta es toda mi causa. Esta es toda mi fe.

Alejandro Córdoba Sosa

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Para quien corresponda

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“Por esos muertos, nuestros muertos…”

Cuando recibís el nombramiento,
el premio,el ascenso,
pensá en los que murieron.

Cuando estas en la recepción,
en la delegación, en la comisión,
pensá en los que murieron.

Cuando has ganado la votación,
y el grupo te felicita,
pensá en los que murieron.

Cuando te aplauden al subir a la
tribuna con los dirigentes,
pensá en los que murieron.

Cuando te llegan a encontrar al
aeropuerto en la gran ciudad,
pensá en los que murieron.

Cuando te toca a vos el micrófono,
te enfoca la televisión,
pensá en los que murieron.

Cuando sos el que da los certificados,
las cédulas, el permiso,
pensá en los que murieron.

Cuando llega donde vos la viejita
con su problema, el terrenito,
pensá en los que murieron.

Miralos sin camisa, arrastrados,
echando sangre, con capucha,
reventados, refundidos en las pilas,
con la picana, el ojo sacado,
degollados, acribillados,
botados al borde de la carretera,
en hoyos que ellos cavaron,
en fosas comunes,
o simplemente sobre la tierra
abono de plantas de monte:

Vos los representás a ellos.

Ellos delegaron en vos,
los que murieron.

Ernesto Cardenal, de “Vuelos de Victoria” (1982)

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Test ideológico para cristianos

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Veinte definiciones para situar ideológicamente al cristiano de hoy:

1.- a) SAN PEDRO ó b) SAN PABLO

2.- a) EXAMEN DE CONCIENCIA ó b) SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN

3.- a) JERUSALÉN ó ROMA

4.- a) SAN FRANCISCO DE ASÍS ó b) SANTO TOMÁS DE AQUINO

5.- a) AGAR E ISMAEL ó b) SARAH E ISAAC

6.- a) NO MATARÁS ó b) AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

7.- a) AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS ó b) AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

8.- a) PABLO VI ó b) JUAN PABLO II

9.- a) CLERO SECULAR ó b) CLERO REGULAR

10.- a) PADRE MUGICA ó b) PADRE MARIO

11.- a) SINCRETISMO ó b) EVANGELIZACIÓN

12.- a) SANTA MARÍA MAGDALENA ó b) SANTA TERESA DE LISIEUX

13.- a) SAN JUAN BAUTISTA ó b) SAN JUAN EVANGELISTA

14.- a) OBEDIENCIA CIVIL/DESOBEDIENCIA A LA LEY DE DIOS ó

b) DESOBEDIENCIA CIVIL/OBEDIENCIA A LA LEY DE DIOS.

15.- a) EDUCACIÓN PÚBLICA LAICA ó b) EDUCACIÓN PÚBLICA CATÓLICA

16.- a) SEPARACIÓN TOTAL ENTRE IGLESIA Y ESTADO ó

b) SOSTENIMIENTO DEL CULTO CATÓLICO POR EL ESTADO

17.- a) EJERCICIO DEL PATRONATO POR EL ESTADO ó

b) INDEPENDENCIA TOTAL DE LA IGLESIA EN LA DESIGNACIÓN DE OBISPOS

18.- a) TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN ó b) DOCTRINA DE LA CREACIÓN

19.- a) IDENTIDAD SEXUAL PSICOLÓGICA ó

b) IDENTIDAD SEXUAL BIOLÓGICA

20.- a) SÍ AL ABORTO* ó b) NO AL ABORTO

(*En casos extremos como

Resultados:

Entre 15 y 20 a)= Cristiano de izquierda (Tercermundismo, Opción por los pobres, etc.)

Entre 10 y 15 a) = Cristiano de centro-izquierda

Entre 15 y 20 b) = Cristiano de derecha (Opus Dei, Preconciliares, etc.)

Entre 10 y 15 b) = Cristiano de centro-derecha

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